Juan Algar Barrón

En la madrugada de hoy jueves ha fallecido nuestro amigo y socio de honor de la Asociación de Antiguos Alumnos, Juan Algar Barrón. Alumno de la Primera Promoción (1967-71), y Profesor de Aire libre durante muchos años en el INEF de Madrid. Tras una dura lucha contra una cruel enfermedad, nos dijo hasta luego. DEP amigo; pronto montaremos un campamento.

        

Las mujeres en la Universidad

El 8 de marzo de 1910 se autorizó, mediante Real Orden, el acceso libre de las mujeres a la universidad en España. En este tiempo han puesto de manifiesto sus capacidades y han logrado un importante avance en el ámbito académico y científico, dentro de una institución con nueve siglos de historia.

La igualdad entre hombres y mujeres es una de las piedras angulares de la democratización de las sociedades modernas y es un principio jurídico universal, reconocido en el contexto internacional por la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres. Además de estos textos y compromisos internacionales sobre derechos humanos, son múltiples las leyes e iniciativas, a todos los niveles, que instan a plantear nuevas formas de pensar y actuar para hacer posible la transformación y el cambio para el logro de una sociedad más igualitaria. En los últimos años se han dado pasos significativos para la igualdad de oportunidades y derechos entre uno y otro sexo, y se han producido grandes avances en las políticas de igualdad en el marco de la Unión Europea y de las Plataformas de Acción de Naciones Unidas, pero todavía existen importantes retos relacionados con las necesidades, los intereses, los deseos y las demandas de las mujeres. Según un informe de 2008 publicado por el Instituto de la Mujer, las instituciones y la opinión pública son cada vez más conscientes de que, aunque las mujeres y los hombres sean diferentes, la desigualdad y la discriminación de género son incompatibles con la democracia.

Es innegable que a lo largo del siglo XX las mujeres han ido incorporándose a las diferentes esferas de la vida pública con gran empuje y son muchos los ámbitos en los que actualmente no sólo participan, sino que además destacan. Entre los logros obtenidos por la población femenina se encuentra el acceso a la formación y al conocimiento científico, del que estuvieron apartadas durante mucho tiempo la mayoría de las mujeres.

Las oportunidades de la población femenina en los países desarrollados para obtener formación académica y científica se han incrementado notablemente en los últimos treinta años y, hoy día, el número de mujeres matriculadas en los diferentes niveles educativos es superior al de hombres. Sin embargo, numerosos estudios de ámbito nacional e internacional sobre aspectos tales como la distribución del alumnado en las diferentes áreas científicas, el desarrollo profesional de las tituladas, los niveles laborales que alcanzan y la remuneración económica que perciben ponen de manifiesto que las mujeres, aun teniendo la misma o similar formación académica y conocimientos científico-profesionales que los hombres, no logran alcanzar los mismos éxitos que ellos.

Parece que la adscripción que determinados ámbitos profesionales y científicos han tenido y tienen al rol social masculino y la persistencia en el entramado social de los estereotipos de género más tradicionales pueden ser la causa del mantenimiento de ciertos modos de discriminación por género que todavía existen y de la lentitud con la que se están produciendo los cambios deseados.

Los roles sociales de género.

Las funciones de hombres y mujeres en la sociedad han estado determinadas por las características biológicas, el sexo, y diferenciadas por el entorno sociocultural, el género. Mientras que el sexo es una característica biológica y nos viene dado por la naturaleza, el género es una mera construcción cultural hecha según las funciones que en cada sociedad se asignan a cada sexo. Nuestra comprensión de lo que significa ser un hombre o una mujer lo aprendemos a lo largo de la vida. No hemos nacido sabiendo lo que se espera de nuestro sexo, sino que lo vamos aprendiendo de nuestra familia, de la escuela y de nuestros iguales a través de generaciones; con ello, hemos ido configurando los denominados “roles sociales de género” y, también, el conjunto de creencias que definen las características que se consideran apropiadas para hombres y mujeres, conocidas como estereotipos de género (como afirmaba Simone de Beauvoir en 1949, “una no nace mujer, sino que se hace mujer”). La función de la mujer ha estado reducida durante muchos años a la reproducción y, desde esta perspectiva, la maternidad y el cuidado de la prole y del círculo familiar han sido las tareas que han definido su rol social. En el caso del hombre, su participación en la sociedad ha estado orientada a sustentar el sistema productivo y a proporcionar medios materiales para el mantenimiento de la familia. Las culturas y las distintas civilizaciones de la historia humana han dado prioridad a las funciones que desempeñaban los hombres y han estado marcadas por el patriarcado.

Este reparto de funciones ha condicionado la vida de las mujeres a lo largo de la historia, reduciendo su quehacer al ámbito de lo doméstico y privado. Por ello, cuando han accedido al mundo público, ya sea como estudiantes, profesionales o dirigentes, se han encontrado con dificultades no sólo a nivel personal, sino también en el entorno familiar y en el ámbito sociocultural de las organizaciones.

A lo largo del siglo XX, se han producido importantes avances sociales, científicos y tecnológicos que han repercutido en cambios socioculturales de gran calado en la vida de las mujeres y han contribuido a su emancipación. Junto a estos cambios se han desarrollado suficientes apoyos legislativos que propician una sociedad más justa e igualitaria.

Formación y desarrollo personal.

La formación académica y el acceso al conocimiento científico son considerados logros esenciales en el proceso de liberalización de las mujeres. El acceso a la educación y la autonomía económica, junto al derecho al voto y al control de la propia fecundidad, han sido y son claves para que cada mujer pueda desarrollar su personalidad de acuerdo con su capacidad y sin las restricciones impuestas por la tradición, la cultura del lugar y el momento.

Aunque las mujeres siempre han estado presentes en todos los campos de la vida y por lo tanto del conocimiento, es a mediados del siglo XX cuando comienzan los historiadores a ocuparse de sus vidas y de sus trabajos. Hasta ese momento sólo encontramos en el siglo XVIII la publicación de Jerôme de Lalande Astronomía de las damas dedicada exclusivamente a las mujeres.

Clementina Albéniz en el aula de maestras / Archivo gráfíco de la Fundación Fernando de Castro

Las niñas y las jóvenes eran instruidas en el marco familiar y en actividades reconocidas como propias de mujeres. Las que pertenecían a familias acomodadas contaban con preceptores privados y lograban, en algunos casos, formar parte del grupo excepcional de “mujeres ilustres”. Sólo a partir del siglo XVII, en algunos países se les autoriza socialmente a aprender a leer y escribir y se les permite acceder a la educación elemental.

Incluso, cuando surgieron las primeras universidades, éstas asimilaron la cultura androcéntrica y misógina de su época y mantuvieron una oposición abierta a la entrada de mujeres. Así lo refleja un decreto de 1377 del Claustro de Profesores de la Universidad de Bolonia, que incluía en sus estatutos la siguiente prohibición: “Y puesto que la mujer es la razón primera del pecado, el arma del demonio, la causa de la expulsión del hombre del paraíso y de la destrucción de la antigua ley, y puesto que, en consecuencia, es preciso evitar cuidadosamente todo comercio con ella, nosotros defendemos y prohibimos expresamente que alguien se permita introducir alguna mujer, sea cual fuere ésta, incluso la más honrada, en la dicha universidad. Y si alguno lo hace a pesar de todo, será severamente castigado por el rector”.

Éstas y otras prohibiciones similares, bien de forma explícita o implícita, se mantuvieron durante mucho tiempo en el ámbito universitario. No obstante, en España se conoce la presencia puntual de alumnas en las universidades de Salamanca y Alcalá de Henares durante los siglos XV y XVI, llegando algunas a ocupar puestos docentes relevantes, como es el caso de Luisa de Medrano, Francisca de Nebrija y Beatriz Galindo. Esta última llegó a ser profesora de latín y preceptora de la reina Isabel la Católica. Posteriormente, en el siglo XVIII, María Isidra de Guzmán obtiene el título de grado de doctora en Filosofía y Letras Humanas en la Universidad de Alcalá de Henares, tras una autorización expresa del rey Carlos III.

A pesar de estos logros individuales, las mujeres todavía tuvieron que seguir sorteando normas si querían entrar en las aulas universitarias. La obligación de sentarse en la mesa del profesor, asistir a clase con un acompañante o refugiarse en un despacho en los descansos entre clases, así como las trabas para la expedición de títulos, la colegiación y el ejercicio de la profesión son algunas de las que se citan en el libro Las primeras universitarias en España, de Consuelo Flecha. También cuentan algunas biografías de Concepción Arenal que tuvo que ataviarse con una capa masculina para asistir a clase, sin matrícula ni título, en la Facultad de Derecho de Madrid (1840).

No obstante, en 1878, María Elena Maseras Ribera finaliza estudios de Medicina en la Universidad de Barcelona; y, en 1882, obtienen el grado de Doctorado en Medicina en la Universidad Central María Dolores Aleu Riera y Martina Castyells Ballespí.

Aunque a mediados del siglo XIX la educación era un derecho únicamente masculino y el 71 % de las mujeres eran analfabetas, cada vez eran más las que solicitaban permiso para realizar estudios superiores, por lo que una Real Orden de 16 de marzo de 1882 prohíbe “en lo sucesivo la admisión de Señoras a la Enseñanza Superior”; pero, el interés femenino por el conocimiento ya era imparable.

El apoyo de los krausistas.

Los movimientos pedagógicos liberales que surgieron en el último tercio del siglo XIX y principios del XX constituyeron un apoyo definitivo para la incorporación de las mujeres a la educación. Fernando de Castro (1814-1874), inspirado en el pensamiento krausista, fue uno de los defensores y promotores de la extensión de la cultura y el conocimiento a las mujeres. A poco de ser nombrado rector de la Universidad de Madrid (1868), proclama su interés por extender la cultura al pueblo por medio de la Universidad, incluidas las mujeres. Organiza las Conferencias Dominicales para la educación de la mujer (febrero de 1869), germen de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, y posteriormente creará el Ateneo de Señoras y la Escuela de Institutrices. Su influencia sería decisiva para la eliminación de las limitaciones que tenía la población femenina para acceder a la Universidad. En diciembre de 1869, Fernando de Castro inauguró el curso de la “Escuela de Institutrices”. Visto el éxito, pensó en consolidar la obra y dio un nuevo y más decidido paso adelante con la creación al año siguiente de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer.

Popularmente conocida en Madrid como “Institución-Castro”, la Asociación pronto alcanzó gran éxito: en los cursos de 1882 a 1884, el conjunto de alumnas matriculadas ascendió a 851. Instalada desde 1880 en la casa número 14 de la calle de la Bolsa, desde 1892 contó con un edificio propio en la calle de San Mateo.

El filósofo, ensayista y pedagogo Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), también seguidor del pensamiento krausista, colaborador de Fernando de Castro y, como éste, profesor de la Universidad de Madrid, fue otra de las figuras claves en el acceso de las mujeres a la educación en igualdad con los hombres. Creador de la Institución Libre de Enseñanza, en la que plasmó sus ideas pedagógicas basadas en el respeto a la persona y en una educación práctica, consideraba que la ciencia tiene una función social y que todas las personas deben poder acceder a ella.

La Institución Libre de Enseñanza abre sus puertas el 29 de octubre de 1876, en la calle de Esparteros de Madrid, y mantiene una conexión ideológica con la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. Además, Giner de los Ríos sostuvo una fructífera relación intelectual con grandes mujeres de la época, como la escritora gallega Emilia Pardo Bazán y la penalista Concepción Arenal, ambas grandes defensoras del derecho de la mujer a la educación.

Son numerosos los escritos de Giner en los que se ocupa de la cuestión de la educación de la mujer. En ellos expone la importancia de educar a la mujer en igualdad con el hombre y defiende tenazmente la coeducación de los sexos: la Institución la impondrá en sus escuelas y colonias de vacaciones como resorte para formar el carácter moral y asegurar la pureza de costumbres. Asimismo, se mostró partidario de permitir a las muchachas seguir carreras universitarias y fue un defensor permanente de la educación de la mujer en los Congresos Pedagógicos de la Restauración. Giner fue, según Emilia Pardo Bazán, “resueltamente feminista”, pues se interesaba en alto grado por “todo lo que atañía al mejoramiento de la condición de la mujer”.

En 1915 se crea, en la calle Fortuny de Madrid, bajo la dirección de la ilustre pedagoga María de Maeztu, la Residencia de Señoritas, según el modelo de la Residencia de Estudiantes, fundada en 1910 para los hombres. Su principal objetivo era el fomento de la educación universitaria para la mujer y tuvo como función inicial albergar a las primeras estudiantes universitarias.

Estudiantes de Cambridge School. Archivo gráfico de Smith College.

El libre acceso a la universidad.

Con las ideas liberales del rector de la Universidad de Madrid, Fernando de Castro, y del filósofo y pedagogo Giner de los Ríos, que propugnaban modelos pedagógicos en los que incluían a las mujeres, y con el apoyo de un grupo encabezado por Emilia Pardo Bazán, en el que se encontraban también algunos hombres, como el jurista y filósofo José Castillejo y el propio ministro de Instrucción Pública, Julio Burell, en 1910 se da el libre acceso de las mujeres a la universidad.

En el presente año se cumple, por tanto, un siglo de la Real Orden del Ministerio de Instrucción Pública, de 8 de marzo de 1910, que, firmada por el Rey Alfonso XIII, autorizaba el acceso libre de las mujeres a la Universidad en España. Esta norma derogaba otra del mismo rango de 1888, que establecía la obligación de consulta a la Superioridad para aceptar las inscripciones de matrícula oficial o no oficial solicitadas por las mujeres.

Pocos meses más tarde, el 2 de septiembre del mismo año, se aprueba otra Real Orden, también del Ministerio de Instrucción Pública, que habilitará a las mujeres que estén en posesión de títulos académicos expedidos por este Ministerio o por los rectores y demás jefes de centros de enseñanza, para el ejercicio de las profesiones que tengan relación con el Ministerio de Instrucción Pública. Además, en esta misma norma se les otorgan los mismos derechos que a los demás opositores para el desempeño efectivo e inmediato de cátedras e incluye que estos derechos se harán constar en las inscripciones de matrícula.

El significado de estas normas adquiere una dimensión especial porque van a permitir el reconocimiento público de la formación y del saber científico de las mujeres tras el aval de un título universitario, así como su incorporación oficial a la función docente e investigadora.

Biblioteca Residencia Señoritas en Madrid / Archivo gráfico de la Residencia de Estudiantes.

La crónica de los cien años transcurridos podríamos sintetizarla en la lucha de las mujeres por incorporarse a la vida pública de pleno derecho y por alcanzar los mismos niveles de formación y de reconocimiento profesional y laboral que los hombres. En este tiempo, las mujeres han puesto de manifiesto sus capacidades y han logrado un importante avance en el ámbito académico y científico, en una institución como la universidad, que tiene nueve siglos de existencia.

La paulatina incorporación de las mujeres a las aulas universitarias, ya sin trabas burocráticas a partir de 1910, tuvo como resultado la obtención de los primeros títulos universitarios con nombre femenino dotados de pleno reconocimiento académico y administrativo.

Así, en 1914, se gradúa la primera Licenciada en Ciencias, María Sordé Xipell; la primera doctora en Ciencias (1917), Catalina de Sena Vives Pieras; la primera doctora en Farmacia (1918), Zoé Rosinach Pedrol; la primera licenciada en Derecho (1922), María Ascensión Chirivella Marín; la primera doctora en Derecho (1928), Carmen Cuesta del Muro; la primera ingeniera industrial (1929), Pilar Careaga Basabe; y la primera arquitecta (1936), Matilde Ucelay Maortúa.

A lo largo del siglo XX, y especialmente en el último tercio, se produce una incorporación creciente de mujeres a los estudios de nivel superior en España, incluido el doctorado. De tal manera que, en el curso 2009-2010, según datos de la Secretaría de Estado de Universidades, el alumnado femenino en los estudios universitarios supera al masculino (53,4 % mujeres), y del total de personas que se han graduado en el mismo periodo, el 60 % han sido mujeres. En el tercer ciclo, de las personas que han obtenido el título de Doctor/a, el 48,6 % eran mujeres. Sin embargo, cuando se analizan los datos clasificados por áreas de conocimiento y campo de estudio nos encontramos que la adscripción de mujeres y hombres es diferente. En el estudio de 2007 del MEC, Académicas en  Cifras, se recoge que las mujeres representan mayoría en Ciencias de la Salud (75%), Ciencias Sociales y Jurídicas (63,4%), Humanidades (63%), Ciencias Experimentales (58,9% ), mientras que en las carreras técnicas representan el 27,6%.

Las universidades tecnológicas, como la Politécnica de Madrid, tienen un alumnado mayoritariamente masculino. Las ingenierías, la arquitectura y el deporte continúan siendo ámbitos profesionales identificados socialmente con el quehacer de los hombres. Y, aunque unas titulaciones cuentan con mayor número de alumnas que otras, el porcentaje total del alumnado femenino, según los estudios de la UPM, es del 34,4%en los estudios de ciclo largo y 29,5%  en los de ciclo corto, datos que permanecen prácticamente invariables desde el año 2000.

Las cifras de España encuentran correlación con las que se dan en otros países de nuestro entorno sociopolítico y geográfico. En el ámbito de la Unión Europea, según datos de EUROSTAT, el porcentaje de estudiantes mujeres en el campo de la ingeniería, industria y construcción sólo sobrepasa el 30% en el caso de Dinamarca (33,3%), Bulgaria (31,1%) y Rumanía (30,4%); en el campo de las ciencias, matemáticas e informática tienen paridad de alumnos y alumnas en Italia, Portugal y Rumanía, mientras que el resto de países se mueve en torno al 30-35%. En los campos de educación, humanidades y arte, ciencias sociales y jurídicas, y salud y servicios sociales, el porcentaje de estudiantes mujeres es de dos tercios del total en la mayoría de los países.

Del análisis de estos datos se deduce que, si bien hemos superado las recias barreras que impedían el acceso de la población femenina a la formación superior, todavía se hacen patentes las influencias de la cultura y la tradición a la hora de elegir los estudios. Y este hecho está generalizado en casi todos los países de Europa, incluso en aquellos que tienen una estructura social más igualitaria, como son los casos de Finlandia o Alemania.

Asimismo, se observa la influencia de los estereotipos sociales de género en el tipo y nivel de ocupación profesional y laboral que realizan las mujeres en la universidad. El estudio Académicas en Cifras destaca que la distribución de mujeres y hombres en los diferentes niveles del personal docente está desequilibrada a favor de los hombres, siendo muy llamativo el hecho de que las mujeres que finalizan los estudios sea del 60,3% y, sin embargo, sólo el  37,9% ocupen el nivel de profesora titular y el 13,9% alcancen el de catedrática. En la UPM, las catedráticas representan el 7,9% y las profesoras titulares, el 24,8%.

La universidad, motor del cambio.

El papel de las universidades en los cambios socioculturales y económicos de los países es de gran responsabilidad. El impacto que la universidad tiene en su ámbito de actuación sobre el capital humano resulta esencial como motor para el avance de cualquier sociedad. También tiene que ver, de manera incuestionable, con la construcción de una realidad mejor en el ámbito de la convivencia, el espíritu crítico, la creatividad y, en definitiva, el bienestar a cuya extensión contribuye.

En los últimos años, en España se ha creado un marco legislativo y jurídico en materia de igualdad de los más adelantados de Europa (Ley Orgánica 1/2004 de 28 de diciembre contra la violencia de género y Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la igual- dad efectiva entre mujeres y hombres), que constituye una herramienta funda- mental para lograr definitivamente una sociedad más justa e igualitaria.

No obstante, nuestro país se sitúa en la posición decimoséptima de la clasificación mundial en el Índice de Disparidad entre Géneros, publicado por el Foro Económico Mundial, que evalúa el buen uso y el reparto de los recursos y oportunidades entre la población femenina y masculina en áreas como salarios, niveles de participación y acceso a empleos altamente cualificados, participación política, educación, etc. Este puesto nos aleja del restringido club de los Estados europeos más paritarios.

En el ámbito universitario, a la legislación citada que establece, entre otras cosas, la prioridad y obligatoriedad de crear observatorios y unidades de igualdad en las universidades y el desarrollo de políticas activas para el desarrollo de la paridad de género hay que añadir la reciente LOMLOU (Ley Orgánica 4/2007 de 12 de abril) y el Real Decreto que establece las normas para la elaboración de los nuevos estudios de grado y posgrado adaptados al EEES (R.D. 1393/2007 de 29 de octubre), que contemplan la obligación de incluir formación con perspectiva de género en los planes de estudio.

Por otro lado, la amplia trayectoria de los Estudios de las Mujeres, Feministas y de Género, consolidados ya en casi todas las Universidades españolas, la progresión de la investigación desarrollada por estos colectivos en las últimas décadas de la que dio cuenta el Libro Blanco sobre los Estudios de las Mujeres en las Universidades españolas (1975-1991) y su posterior actualización en la obra Feminismo y Universidad, las redes internacionales desarrolladas, el interés en su fomento con la creación, en el marco del Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica, de un Programa Sectorial de Estudios de las Mujeres y de Género; en definitiva, ha dado como resultado un vasto conocimiento sobre la desigualdad, discriminación y sesgos de género que se está poniendo de manifiesto constantemente en congresos y eventos científicos y académicos.                                                           

Las instituciones universitarias, en el momento presente y ante la reforma del EEES, no pueden eludir la responsabilidad legal atribuida, pero, mucho menos, la que tienen en el ámbito científico y social. El desarrollo de programas que permitan conocer las causas de la desigualdad, buscar soluciones para lograr la igualdad de mujeres y hombres y, por tanto, una sociedad del siglo XXI más integrada y democrática, deberían ser incluidos en sus planes de calidad. Es indudable que a la Universidad le quedan todavía muchos retos por superar hasta lograr la deseada igualdad. El hipotético “techo de cristal” con el que se designan las barreras que frenan el camino de las mujeres hacia la paridad debe romperse definitivamente este siglo, y las instituciones universitarias deben liderar los cambios sociales orientados a este fin.

La igualdad entre mujeres y hombres significa la posibilidad que tienen todas las personas de desarrollar sus capacidades personales, tanto en el ámbito público como en el privado; la toma de decisiones sin las limitaciones impuestas por los roles tradicionales asignados en función del sexo; y el reconocimiento del valor de todas las aspiraciones y necesidades de mujeres y hombres.

La igualdad, además de ser un derecho de las personas, es una necesidad estratégica para avanzar en democracia y para la construcción de una sociedad más justa que permita un mayor desarrollo social y económico.

Élida Alfaro

Presidenta de la Asociación de Estudios sobre la Mujer –  UPM

Premio Nacional del Deporte 2016

 

 

Entrega trofeo ganador Trivial primer trimestre

El pasado 2 de Febrero, en la Asamblea anual de socios, se entregó el trofeo al ganador del primer trimestre del Concurso Trivial, Manuel Escudero Cordón, de la 4ª promoción. Hizo la entrega del trofeo D. Vicente Gómez Encinas, Decano del INEF.

                                

En la foto, Manolo Escudero Cordón, ganador del trofeo, y Santiago García de Cáceres, web máster del concurso Trivial.

Los protagonistas olvidados

Expectante en  este tiempo de cambio de la Ley del Deporte de 1990, no deja de sorprenderme el interés por los menores deportistas. Lamentablemente detrás de cada titular que los menciona, solo veo el reflejo del fútbol en su más limitada vertiente, la económica.

Quizás soy una romántica del deporte, y porque no decirlo conservo la ilusión de que esta Ley nueva que nos anuncian, y cuya preparación se ha encargado a un grupo de expertos en la gestión y el derecho deportivo, este proyecto de Ley que ha conseguido generar debate y que ha sensibilizado colectivos y partidos, aborde el mundo del menor en su práctica deportiva.

Confío en que sin duda habrá de incluir la problemática y casuística del futbol, pero espero que no deje abandonadas a su suerte el resto de cuestiones nucleares que actualmente subyacen y carecen de tratamiento, más allá de las soluciones parche.

Me refiero a cuestiones como la violencia en la práctica deportiva, las sanciones por dopaje a menores, la disciplina deportiva, los abusos, la representación de sus intereses, y porque no a la tutela de sus derechos.

Los menores son tratados al igual que los adultos en la actual Ley del Deporte, y en las 17 leyes autonómicas que conforman el mapa legal del deporte español, al igual ocurre en el Real Decreto de Disciplina Deportiva, y en los decretos autonómicos, por no decir nada del Código Mundial Antidopaje y la actual Ley Orgánica de Protección de la salud en el Deporte española.

Probablemente el mayor número de practicantes de deporte actualmente en España, sean menores de edad, es difícil acceder a datos de deporte federado porque las licencias actualmente no se diferencian entre adultos y menores, salvo las excepciones de deporte escolar.

Así si se consultan las páginas web de las Federaciones nacionales o autonómicas, no se obtiene dato o referencia que facilite cuantificar o identificar el volumen de menores que practican deporte, como tampoco se obtiene el dato en el INE, Instituto Nacional de Estadística.

En todo caso el volumen de menores practicantes de deporte competitivo o no, federado o no, es afortunadamente elevado. No tanto como sería deseable cuando se acercan a la etapa universitaria, que coincide con el abandono de esa minoría de edad.

Que las actuales leyes del deporte estén enfocadas en el deporte para adultos solo dificulta la tutela del menor. A pesar de haber sido promulgada una Ley Orgánica del Menor y establecer en su preámbulo la necesidad y vocación de la Ley de ser transversal y de dotar de medios de prevención y de sanción lo cierto es que al deporte no ha llegado.

Así en el ámbito de la disciplina deportiva,  que no distingue salvo sanas excepciones entre las sanciones de los adultos y los menores, encontrándonos que la ultima ratio de la sanción que no es otra que la educación, y reinserción, no solo no son atendidas, sino que además son menospreciadas.

Si un menor comete una infracción la sanción más frecuente será la de privación de la licencia, es decir, le dejaremos sin competir, y en algunos casos como el del golf, sin poder entrenar, ya que sin licencia no tienen acceso a los campos de golf y por lo tanto ni podrán entrenar, ni jugar.

¿Realmente cumplimos con la finalidad educativa adoptando esa medida sancionadora?

La realidad es que no. Desde algunas federaciones y con un gran esfuerzo se ha logrado la adopción de medidas sustitutivas, educativas, que permiten priorizar en interés del menor y adoptar medidas alternativas que si tienen como objetivo la educación  y reinserción del menor en el mundo deportivo.

A título de ejemplo federaciones como la Madrileña de Golf, o las Españolas de Gimnasia, o Remo, han adoptado este tipo de medidas educativas, 1 de 19 autonómicas, o 2 de 63 españolas, el porcentaje es ínfimo.

Otras situaciones de desprotección absoluta de los menores en temas de dopaje y de violencia. Desprotección sí, porque tanto en el dopaje como en la violencia se castiga a la VICTIMA, el menor.

Si atendemos al hecho de que el menor no podrá tomar la decisión de consumir una sustancia dopante, con la excepción del consumo del cannabis o el alcohol en adolescentes, el resto de sustancias son prescritas, suministradas o facilitadas, e incluso administradas por adultos, es infrecuente que el menor decida tomar un esteroide, un anabolizante, o un beta-agonista (bronco dilatador).

Ni lo adquiere, ni se lo administra a escondidas del adulto, sino que habitualmente detrás de estas acciones se oculta la sombra de un tramposo que busca alterar el resultado deportivo sin importarle el precio que el menor deba pagar, sin importarle la salud del menor, ni su futuro deportivo. A eso me refiero cuando digo víctima, y lo será doblemente, primero por verse obligado a consumir sustancias dopantes a riesgo de su futura salud, y segundo porque asumirá el castigo de verse privado de su licencia y manchado de por vida por una sanción de dopaje.

¿Realmente estamos tutelando y protegiendo al menor? 

No causa menos indefensión el caso de la violencia, cuando hablamos de violencia en el deporte en categorías inferiores nos referimos esencialmente a la violencia que se genera entre el público, es decir, entre los adultos que acompañan a esos menores en su práctica deportiva, bien entre ellos, bien en relación con el menor.

Los casos en los que se acuerda sancionar al menor por las acciones de los padres son numerosos. La respuesta siempre es la misma, los padres no tienen licencia, el menor si. Y para dar ejemplo sancionamos al menor, y lo hacemos con la privación de la licencia.

No nos paramos a considerar que probablemente ese menor solo tenga un lugar donde recibir una educación en valores que no sean la solución de los conflictos a través de la violencia, y ese lugar sea su deporte, su club, su equipo, sus compañeros.

Ese referente del que le privaremos para ejemplarizar que en nuestro deporte no toleramos violentos, es decir, no queremos niños que tengan progenitores conflictivos, no queremos educar a través del deporte, ni queremos transmitir valores, queremos una foto rápida y una solución sencilla. (recordemos al padre del benjamín de triatlón que propino un cabezazo a un técnico y le rompió la nariz, ignoramos si era un violento o un buen hombre que se sintió impotente por no poder ayudar a su hijo y tuvo una reacción aislada y lamentablemente violenta, lo que sí sabemos es que se privo al menor de la posibilidad de continuar practicando su deporte, al menos en su club, por solidaridad con el técnico, por ejemplarizar con el colectivo de padres, por…. lo cierto y veraz es que una vez más sancionamos a un inocente y lo hacemos con absoluta normalidad.

Podríamos continuar ahora el elenco de situaciones perversas que disponen nuestras normas para que los niños no puedan abandonar el club donde se han formado sin que se paguen derechos de formación, o para que los clubes pequeños reciban una parte de compensación por la trayectoria deportiva de sus integrantes, formulas de solidaridad, contratos laborales, derechos de retención, cartas de libertad….. y me pregunto siempre lo mismo, ¿es que esos niños no han abonado su cuota para practicar deporte?. ¿es que hablamos de algo diferente a deporte, a juego? si, hablamos de algo diferente hablamos de obtener recursos económicos a través de los menores, de sus habilidades.

No es que esté en contra o a favor. Simplemente creo que deberíamos reflexionar, pensar en esos niños y niñas que se ven privados de poder jugar una temporada deportiva porque su club no le da la carta de libertad, y estará sentado en un banquillo esperando a jugar mientras en el club de enfrente tiene una oportunidad real para jugar y no estar en el banquillo.

Sus derechos de imagen, sus datos, su representación, son tantos los temas que en relación a ellos se deben tratar, como protegerles del abuso y la violencia, de diferenciar y no confundir sacrificio y esfuerzo con maltrato. Pero no a través de la creación de un protocolo de abusos en manos de inexpertos que lo único que podemos hacer es desvirtuar realidades, y evitar que reciban la ayuda adecuada en el momento oportuno.

No quiero dejar de soñar, soñar que esta vez el legislador tendrá en cuenta el menor, su problemática y su casuística, que no velará por el interés general, sino por el interés del menor, por tutelarle, protegerle y ampararle.

Que esta vez se diseñarán los mecanismos legales necesarios para que la sanciones a los menores sean educativas, para que la violencia se busquen soluciones arbitrales o de mediación, o cualesquiera otras que no pasen por sancionar a la víctima, sino protegerla, que se luchará por permitirles que puedan jugar y cambiar de club sin que les retengan fichas, que primará la educación en los valores del deporte.

Un reto, nada sencillo. Deseo que la sabiduría del legislador se deje ver en la sensibilidad para dar soluciones a los problemas, que su prudencia y valentía se hagan visibles y doten de futuro a nuestros menores en el deporte.

Dra. Ana Ballesteros Barrado
Abogada- Lawyer CCBE
Arbitro y Mediadora deportiva
BB Sport&Law

Jornadas nacionales “El acceso de las mujeres al deporte profesional: el caso del fútbol”

Madrid, 19 y 20 de Abril de 2018.

CONCLUSIONES:

1-Se confirma la persistencia de una subordinación cultural y social de la mujer al hombre que tiene también su reflejo en el ámbito deportivo.

2-La educación y los cambios socioculturales se revelan como necesidades para lograr la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres.

3-Las estructuras administrativas y organizativas del deporte no favorecen la incorporación de mujeres, ni como deportistas ni en los cuerpos técnicos y gestores.

4-Las estrategias políticas y las acciones positivas que se están implementando parecen tener poco efecto y no ser suficientemente efectivas. Se considera que, en muchas ocasiones, no llegan a las deportistas por lo que se recomienda un mayor seguimiento de estas.

5-Los estereotipos de género se manifiestan todavía de manera importante en el deporte, particularmente en el fútbol donde se considera que ha habido pocos cambios y se mantiene un claro predominio de la práctica y consideración masculina. Las fichas federativas femeninas representan tan sólo el 5% del total.

6-Se detecta la ausencia de directivas, ejecutivas, entrenadoras y árbitras que ejercen una función de modelos para mujeres y niñas.

7-A pesar del desequilibrio existente en la práctica, el fútbol femenino ha tenido un avance en los últimos años que se manifiesta tanto a nivel internacional como nacional. Sin embargo, todavía las jugadoras, entrenadoras y árbitras que quieren progresar tienen que emigrar al extranjero.

8-Desde el punto de vista jurídico y legal se observa:

a-Discriminación contractual y de trato que sufren las mujeres en el deporte profesional o profesionalizado.

b-Ausencia de aplicación de la legislación sociolaboral al ámbito profesional del deporte cuando se trata de las mujeres deportistas.

c-Se recomienda denunciar todas las situaciones de discriminación por razón de sexo.

d-Parece imprescindible incluir la perspectiva de género en la nueva Ley del Deporte, tanto de manera transversal en todo su articulado como de manera independiente en un apartado específico.

e-El asociacionismo y el empoderamiento de las mujeres se está revelando como una herramienta positiva para mejorar la situación de las deportistas.

f-Las deportistas tienen unas retribuciones muy inferiores a las de los deportistas y esto se hace mucho más manifiesto en el fútbol. Además, no se benefician en la misma medida de los derechos de imagen ni de las “redes financieras” que velan por una mayor rentabilidad económica de los ingresos.

g-La brecha salarial en el fútbol se considera abismal, aunque es difícil cuantificarla por la diversificación de ingresos que reciben los futbolistas.

9-La participación de mujeres en los puestos de responsabilidad del deporte es muy escasa. Sin embargo, se observa que cuando hay mujeres ocupando puestos de responsabilidad se atiende de manera más equilibrada a las deportistas.

10-Parece necesaria la profesionalización de todas las figuras que intervienen en el deporte, para evitar la libre designación en los puestos de responsabilidad.

11-La aplicación de medidas de discriminación positiva y la posibilidad de conciliar la vida laboral y familiar se reconocen como herramientas útiles para potenciar la participación de deportistas, gestoras y técnicas.

12-La presencia de mujeres en puestos responsabilidad requiere estar preparada y sentirse preparada, es decir asumir el plenamente el liderazgo.

13-En relación con el tratamiento informativo del deporte femenino y del fútbol en particular, se destaca que:

a-Aunque ha habido un aumento de información del fútbol de mujeres, las noticias de deporte femenino requieren mayor espacio en la prensa deportiva, para lo cual resulta decisiva la contribución de determinadas empresas que patrocinan esos espacios deportivos.

b-La presencia de las mujeres deportistas en los medios de comunicación deportivos no se debe realizar utilizando como reclamo la sexualización del cuerpo de la deportista, sino que se deben poner en valor sus logros estrictamente deportivos.

c-Para que las noticias de mujeres deportistas ganen visibilidad se recomienda que los clubs deportivos e incluso las propias deportistas realicen un esfuerzo de autopromoción que visibilice y ponga en valor sus éxitos. Para ello se pueden utilizar diferentes vías, como las redes sociales, envío de vídeos o notas de prensa a medios de comunicación locales y regionales, etc.

d-Se señala la necesaria formación en perspectiva de género de las y los periodistas y responsables de los medios de comunicación deportivos. Esta formación debe comenzar en las propias las Facultades de Periodismo.

14-La presencia de mujeres como árbitras en el fútbol es muy escasa. En primera división no hay ninguna, en segunda división sólo hay dos asistentes y en tercera división hay 7 árbitras.

15-La relación y el reconocimiento de mujeres en el ámbito del arbitraje del fútbol no parece presentar dificultades, pero se destaca el nivel de exigencia física y de preparación técnica que requiere el arbitraje.

16-Las pruebas físicas que son requeridas para ser árbitro/a, tanto para acceder al título como para mantenerse en él, necesitan una revisión urgente porque no parecen estar adaptadas a las exigencias reales de la función de árbitro.

17-Se considera necesario fomentar la esponsorización del deporte femenino e involucrar a más empresas, porque las deportistas manifiestan el gran efecto positivo que tiene en el desarrollo deportivo en su conjunto y en su progresión como deportistas en particular.

18-Algunas empresas están apostando por la esponsorización del deporte femenino en particular, como es el caso de Iberdrola, o por igualar la esponsorización del femenino con el masculino, en el caso de Telefónica.

19-Como conclusión final de las Jornadas El acceso de las mujeres al deporte profesional: el caso del fútbol cabe destacar el interés que ha despertado el tema, el alto nivel de ponentes y componentes de mesas redondas, así como la participación de las personas asistentes en los debates y coloquios.

 

 

Estereotipos de género en la ingeniería, la arquitectura y el deporte

La profesora Élida Alfaro reflexiona sobre el carácter sexista de las ramas científicas y qué hay de biológico o adquirido en el comportamiento de las mujeres que no eligen estas áreas de estudio.

Transcurrido más de un siglo de la historia protagonizada por las obreras de la fábrica textil Cotton de Nueva York en 1908, en la que murieron 146 mujeres en el incendio provocado para acallar sus protestas por las infames condiciones laborales a las que estaban sometidas, y después de setenta años de las manifestaciones que otro grupo de mujeres mantuvo en las calles de Nueva York para conseguir el voto femenino, celebramos un año más el Día Internacional de la Mujer, como siempre con la esperanza de que llegue el día en el que no existan motivos para esta celebración.

Sin embargo, todavía, año tras año, miles de mujeres salen a las calles de todo el mundo para demandar nuevos derechos, defender los ya conseguidos y reivindicar leyes que respeten la igualdad de oportunidades entre sexos.

En muchos lugares del mundo las mujeres siguen demandando derechos básicos como el acceso a la educación, la cultura, el trabajo o la política. En los países más desarrollados expresan su voluntad de participar en condiciones de igualdad en sectores en los que tradicionalmente su participación ha sido minoritaria.

La ingeniería, la arquitectura y el deporte son, precisamente, sectores en los que la igualdad de oportunidades entre sexos sólo se hace patente en el ámbito jurídico porque, en la práctica, los datos reflejan una importante brecha entre lo legal y lo real, tanto en el número de mujeres y de hombres que participan como en los niveles de responsabilidad que ocupan.

El Día Internacional, momento propicio para la reflexión

El Día Internacional de la Mujer es un momento propicio para la reflexión sobre los motivos por los que se mantienen estas desigualdades, sobre todo en países como España que hace tiempo abrieron las puertas de las universidades a la población femenina y en las que globalmente las mujeres representan una clara mayoría. Actualmente son el 54,2% del total de estudiantes, sobre la población universitaria finalizan los estudios el 59,1%, realizan cursos de Doctorado y Máster el 54,6% y, además, tienen como media mejores expedientes académicos que los hombres  (7,04 las mujeres frente a 6,94 los hombres).

Un análisis pormenorizado de estos datos globales, nos descubre, en primer lugar, que existen diferencias porcentuales importantes en la formación universitaria por ramas de estudio. Encontramos que: mientras en Ciencias Sociales las estudiantes representan el 61,1%, en Ingeniería y Arquitectura sólo alcanzan el 26,4% ; en las Facultades de Ciencias del Deporte, la balanza se inclina también hacia el lado de los hombres y las estudiantes sólo representan el 20% del alumnado.

Estas desviaciones se han encontrado igualmente en el ámbito internacional europeo y, consecuentemente, también se observan en el desarrollo profesional. Una gran mayoría de mujeres universitarias realiza su trabajo en ocupaciones relacionadas con la enseñanza, la salud o las ciencias de la vida y menos del 30% trabaja en ocupaciones relacionadas con las ramas más técnicas, como Físicas, Matemáticas, Ingeniería y Arquitectura, incluso cuando sus estudios universitarios hayan sido realizados en alguna de estas ramas.

A la vista de estos datos, es oportuno reflexionar sobre el carácter sexista de las ramas científicas anteriormente citadas y qué hay de biológico o adquirido en el comportamiento de las mujeres que no eligen estas áreas de estudio y/o desarrollo profesional.

Aunque las teorías neurosexistas apuntan a que pudiera existir una potencial explicación anatómico-neuronal a las diferencias de comportamiento entre ambos sexos , otros estudios  bien documentados revelan que el desarrollo del cerebro humano es modular y que el entorno y las experiencias influyen en su estructura y funcionalidad con repercusión en el comportamiento individual.

Siguiendo esta última línea explicativa de las diferencias entre sexos, Rippon, G. (2011) defiende que no existen diferencias anatómicas significativas entre el cerebro masculino y femenino que justifiquen un comportamiento diferenciado, apuntando que los estereotipos de género son el mayor condicionante del desarrollo conductual en ambos sexos.

Otros estudios se orientan en esta misma dirección y afirman que no existen diferencias biológicas que impidan a las mujeres desarrollarse en campos científicos, tecnológicos y deportivos, si no que las diferencias conductuales observadas están más relacionadas con la motivación ambiental, la tradición y el contexto socio-cultural en el que se desarrollan las mujeres y los hombres.

Las relaciones personales y grupales de los seres humanos siempre han estado determinadas, además de por el sexo, por la cultura, las creencias y las tradiciones,  tanto en las sociedades antiguas como en las modernas, y han condicionado la valoración social y el desarrollo personal de mujeres y de hombres.

La influencia de los estereotipos de género

En la base de los modelos culturales de lo femenino y lo masculino se encuentran los estereotipos sociales de género. Estos estereotipos son representaciones mentales sobre los comportamientos, actitudes y valores que la cultura y la sociedad adscribe a las mujeres y a los hombres, estableciendo las  conductas que se consideran apropiadas o inapropiadas para cada sexo.

La asunción y el mantenimiento de los estereotipos de género en una sociedad condicionan el desarrollo de las personas de uno y otro sexo, incluso pueden determinar sus realizaciones personales y profesionales, así como su valoración y reconocimiento social. Además, los estereotipos de género dan lugar a los prejuicios sociales sobre las mujeres y los hombres, porque surgen de la consideración de las personas como grupo, su valoración sólo se basa en la pertenencia a uno u otro sexo independientemente de las características individuales, generando, de este modo, unas expectativas sociales sobre los papeles, funciones y actividades que se espera que cumplan las mujeres y los hombres que, a menudo, terminan condicionando las propias expectativas personales y sociales en torno a cada sexo.

El papel de las mujeres y los hombres en la sociedad es transmitido por la escuela, por la familia, el grupo de iguales, los medios de comunicación y la sociedad en general a través del proceso de socialización que se produce desde los primeros años de vida. En este proceso se adquieren las conductas propias de cada género (estereotipos de género), a la vez que la persona se identifica con el rol asignado como propio de cada sexo.

Estos aprendizajes son difíciles de cambiar porque son transmitidos de forma reiterada por los diferentes agentes sociales y son adquiridos en gran parte por imitación, así como a través de las expectativas sobre lo que en cada cultura se espera de las mujeres y de los hombres. Por ello, es fundamental tomar conciencia y reflexionar sobre la influencia que los estereotipos tienen en relación con la equidad de género y la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, valores que en la actualidad son perseguidos por las sociedades democráticas. Sólo mediante la concienciación y la reflexión sobre este hecho, junto con el interés en modificar los estereotipos de género, podremos lograr un cambio real en el comportamiento, así como en la consideración individual y colectiva de los seres humanos.

Elegir de acuerdo con tus intereses y capacidades

Si una de las razones por las que la ingeniería, la arquitectura y el deporte siguen presentando desigualdades en el acceso a los estudios, y en el desarrollo profesional entre mujeres y hombres, es la influencia de los estereotipos de género, como parecen apuntar algunos de los estudios citados. La Universidad debe reflexionar colectiva e individualmente sobre su responsabilidad en el mantenimiento de modelos culturales de lo femenino y lo masculino que no son acordes con la realidad social en la que vivimos.

Las mujeres que realizan su  formación en alguna  de estas ramas científicas y las  que desarrollan su actividad profesional en la ingeniería, la arquitectura y el deporte deben ser conscientes de su importante aportación para eliminar los estereotipos sociales de género. Es necesario que muchas más mujeres se sumen a ellas para hacer posible cambios definitivos en la sociedad.

Las jóvenes que deban decidir en un futuro próximo sobre su formación universitaria han de considerar la importancia que tiene elegir sin condicionamientos injustificados y de acuerdo con sus intereses y capacidades.

Tanto desde sus estructuras como desde su quehacer científico y cultural, la Universidad debe propiciar el cambio necesario para que mujeres y hombres sean tratados social y personalmente en equidad teniendo en cuenta sólo sus intereses y capacidades individuales, dejando a un lado los modelos preestablecidos.

  • Elida Alfaro Gandarillas dirige el Seminario Permanente Mujer y Deporte de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF-UPM)

María Luisa Hortelano

El pasado 19 de Octubre, falleció en Valladolid, a los 86 años, Da. María Luis Hortelano Grande, profesora de Música y de Expresión Corporal, primero en La Almudena y posteriormente en el INEF de Madrid. Descanse en paz.

María Esquerdo Ramos, “Cuqui”

El pasado 30 de Octubre falleció en Madrid Da. María Esquerdo Ramos, más conocida por “Cuqui”. Durante casi cincuenta años ejerció su pasión, la Gimnasia Artística Femenina, en la desaparecida Escuela Nacional Ruiz de Alda, La Almudena, y en el INEF de Madrid. Desde la Asociación de Antiguos Alumnos nos unimos al dolor de su familia. Descanse en paz.

                                            

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